viernes, 3 de julio de 2015

Relato.- Vida

Buenas tardes, protegid@s. A continuación os dejo con el relato que envié a un concurso hace un tiempo y no seleccionaron. Sé que algunas querían leerlo cuando anuncié que lo estaba escribiendo. Os dejo con él. Disfrutadlo.


Vida  

Su pesado caminar resonó con fuerza al acercarse al abismo, un viento gélido golpeó su piel curtida por el tiempo y ondeó su melena gris como si quisiera arrancarle el cuero cabelludo de cuajo. Se acercó un poco más al borde, inspiró con nerviosismo y entonces, las imágenes se sucedieron en su cabeza, todo pasaba como si de una película se tratase, como esas que veía de pequeña en el cine de su pueblo.
«El dicho tiene razón: tu vida pasa ante tus ojos» —pensó la anciana.
En su mente vio pasar de largo y con rapidez toda su infancia. Lo cierto es que fue una niña muy feliz, a pesar de no tener apenas para comer y tener que compartir su habitación con cuatro hermanas más. Sonrió al recordar las trastadas que hacían y cómo su madre les regañaba con poca autoridad, pues no le gustaba castigarlas.
De su infancia, pasó a su adolescencia. A su primer y único amor: Alfredo. Fue hasta el día exacto en el que se conocieron. Era la verbena del pueblo y allí esperaban todas las mozas con sus preciosos vestidos, sus zapatos de tacón, no muy alto, y sus cardados de peluquería casera, a que alguno de los mozos se atrevieran a sacarlas a bailar. Fue un flechazo a primera vista, Alfredo era primo de Carlos, vecino de la casa de al lado. Había ido a pasar las vacaciones de verano, ya que el apuesto chico era de la ciudad. Pelo negro como el tizón, ojos almendrados y color miel y una sonrisa sincera y bonita. Cuando se le acercó, el tiempo se paró y todo lo que sucedía a su alrededor dejó de existir. Con una seguridad pasmosa, la invitó a bailar. Desde ese instante, no se volvieron a separar.
La mujer suspiró y de pronto, se vio dando a luz a su hija mayor. Todo el sufrimiento, todos los dolores desaparecieron en el momento en que la comadrona le puso a su bebé en el pecho. Cuando vio su carita, un sentimiento de amor incondicional invadió su corazón que, a día de hoy, aún no se ha desvanecido.
La película continuó, pasando por el parto de su hijo. Las lágrimas asomaron a sus ojos, al recordar el miedo atroz que invadió su cuerpo al saber que casi lo pierde aquél día. Por fortuna, Dios hizo que no pasara.
En un suspiro, pasó por su vida de casada llegando hasta el momento más doloroso de su vida: la muerte de su querido amor. Una lágrima resbaló por su arrugada mejilla, pero enseguida se recompuso al saber que pronto se reuniría con él y volverían a bailar juntos como lo hicieran antaño.


Con las manos temblorosas, debido a los estragos de la edad, puso sus brazos en cruz, apretó con fuerza los ojos y sintió el impulso que la llevaría al vacío. Su estómago se encogió, su cuerpo se estremeció y de su garganta salió un grito. Ya no había nervios, ya no había tensión, solo liberación. En su caída sonrió al sentir que estaba en paz. El suelo se acercaba con peligrosidad y no tenía miedo. Entonces sintió un fuerte tirón que la elevó hacia arriba e hizo que posara sus pies sobre la tierra con suavidad. Al tocarla, sus piernas temblaron y no pudo evitar doblar sus viejas rodillas y caer de bruces sobre la explanada de tierra. Allí se quedó sintiendo el calor en su cara y manos hasta que una voz la llamó.
—¡Abuela! —gritó su nieta al verla en el suelo—. ¡Abuela! ¿Te encuentras bien?
Se acercó a la anciana corriendo, pero frenó en seco al escuchar una risa.
—Abuela, tienes noventa y dos años, ¿no te parece que esto es muy irresponsable?
—Cariño —dijo la mujer acercándose a la nieta, mientras el monitor la liberaba del arnés—. Es lo tercero mejor que he hecho en mi vida.
—¿Tercero?
—Lo primero, fue casarme con tu abuelo y lo segundo, fue tener a tu madre que me dio una nieta preciosa.
—¡No te burles abuela! ¡Estás loca!
—¿Loca? ¿Por qué?
—¡Por haber saltado en paracaídas desde cinco mil pies de altura! —gritó la joven mientras su anciana abuela no dejaba de carcajearse.

«Ahora sí que puedo marcharme tranquila. Espérame Alfredo» —pensó sin dejar de sonreír.






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11 comentarios:

  1. Me ha encantado Marissa. Has hecho que se me encoja el corazón y que me ria de una frase a la otra.

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  2. jajajajaja primero estaba angustiada y después muerta de risa jajajajaja y admirada de que con esa edad tuviera fuerzas para hacer eso,muy bueno

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    1. Ja, ja, ja. Desde luego que es una abuela muy valiente ;)

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  3. Me ha sorprendido muchisimo no me esperaba ese final para nada!!!
    Enhorabuena Marissa como siempre espectacular.😘

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  4. Precioso, del miedo a la sorpresa, y a la risa me has vuelto a sorprender, como siempre no me has decepcionado, besos

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  5. Linda sensación deja al terminar de leerlo... Gracias por compartir tu talento ;)

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  6. Linda sensación deja al terminar de leerlo... Gracias por compartir tu talento ;)

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  7. Linda sensación deja al terminar de leerlo... Gracias por compartir tu talento ;)

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